La preparación no comienza cuando ocurre una emergencia, sino mucho antes. La coordinación entre gobierno, industria, academia y sociedad civil puede marcar la diferencia entre una recuperación rápida o una crisis prolongada.
Cuando el desafío no es la falta de recursos
Cada vez que un huracán, inundación, sismo o incendio afecta a una comunidad, surge la misma pregunta: ¿estábamos preparados?
La respuesta suele centrarse en la disponibilidad de recursos materiales, maquinaria, personal especializado o financiamiento. Sin embargo, múltiples experiencias nacionales e internacionales han demostrado que el principal reto no siempre es la falta de capacidades, sino la falta de coordinación entre quienes las poseen.
Muchas veces los recursos existen, pero no hay mecanismos claros para movilizarlos de forma eficiente cuando se necesitan.
Por ello, el concepto de resiliencia ha evolucionado más allá de la capacidad de resistir un evento adverso. Hoy también implica la capacidad de coordinar actores, tomar decisiones oportunas y recuperar funciones esenciales en el menor tiempo posible.
¿Qué significa realmente la resiliencia?
En términos de infraestructura y desarrollo territorial, la resiliencia es la capacidad de una comunidad, sistema o infraestructura para anticipar, resistir, adaptarse y recuperarse de eventos adversos.
No se trata únicamente de reconstruir después de un desastre.
Se trata de reducir vulnerabilidades antes de que ocurra.
Esto requiere una visión integral donde participen múltiples sectores con responsabilidades y conocimientos complementarios.
El papel de la coordinación intersectorial
La gestión moderna del riesgo reconoce que ningún actor puede enfrentar por sí solo los desafíos asociados a los desastres.
Las autoridades públicas desempeñan funciones fundamentales en la planificación y coordinación institucional.
La academia aporta investigación, innovación y análisis técnico.
Las organizaciones sociales conocen las necesidades específicas de las comunidades.
Por su parte, el sector productivo cuenta con capacidades industriales, experiencia técnica, cadenas de suministro y recursos que pueden ser decisivos durante las etapas de prevención, respuesta y recuperación.
Cuando estos actores trabajan de manera aislada, la respuesta suele ser más lenta y menos eficiente.
Cuando existe coordinación previa, los tiempos de reacción disminuyen significativamente.
La prevención como inversión estratégica
Durante décadas, gran parte de los esfuerzos se concentraron en atender emergencias una vez ocurridas.
Sin embargo, diversos organismos internacionales han señalado que invertir en prevención resulta considerablemente más eficiente que asumir los costos de reconstrucción posterior.
La planeación preventiva permite:
- Identificar riesgos prioritarios.
- Establecer protocolos de actuación.
- Definir cadenas de suministro críticas.
- Validar soluciones técnicas.
- Capacitar personal especializado.
- Mejorar la comunicación entre instituciones.
Todo ello contribuye a reducir pérdidas humanas, económicas y ambientales.
La industria como aliada técnica
Tradicionalmente, la participación de la industria en situaciones de emergencia ha sido vista principalmente desde la provisión de materiales.
No obstante, su contribución puede ser mucho más amplia.
Las empresas y asociaciones industriales poseen conocimiento especializado que puede incorporarse desde etapas tempranas de planeación.
En el caso de la industria de la cal, por ejemplo, existen aplicaciones técnicas relacionadas con la estabilización de suelos, saneamiento, tratamiento de agua y recuperación de infraestructura que pueden integrarse dentro de estrategias preventivas y protocolos de respuesta.
La colaboración temprana permite que estas capacidades estén identificadas y listas para activarse cuando sea necesario.
Una visión de futuro
El aumento en la frecuencia e intensidad de fenómenos climáticos extremos está obligando a replantear la manera en que se gestionan los riesgos.
La resiliencia ya no puede entenderse únicamente como una capacidad de respuesta.
Debe construirse de forma permanente mediante planeación, colaboración y preparación.
Las comunidades más resilientes no son necesariamente las que cuentan con más recursos, sino aquellas que han desarrollado mecanismos eficaces para coordinar sus capacidades antes de que ocurra una emergencia.
La visión de ANFACAL
Desde ANFACAL reconocemos la importancia de fortalecer los espacios de colaboración entre gobierno, industria, academia y sociedad civil para contribuir al desarrollo de infraestructura más resiliente y comunidades mejor preparadas ante los desafíos del futuro.
La construcción de resiliencia es una responsabilidad compartida que requiere coordinación, conocimiento técnico y una visión de largo plazo que permita transformar los riesgos en oportunidades para construir un México más fuerte y sostenible.